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Ainhoa Molina

Ainhoa Molina

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Mi historia personal viene cargada de racionalidad. Durante mucho tiempo he tomado decisiones muy mentales y mi carrera universitaria (Derecho) no contribuyó a menguar mi sentido de la “buena lógica”. Ese exceso de racionalidad me llevó a vivir en mi cabeza, y como nunca fui una buena deportista, durante mucho tiempo pasó inadvertida la relación con mi propio cuerpo, siendo éste el efecto inmediato que percibí al empezar a practicar los āsanas del Hatha Yoga:  mi cuerpo empezó a existir para mí. Actualmente y tras un tiempo de práctica el yoga se va convirtiendo en una forma de estar en el mundo, ya no solamente física, sino sobre todo, mental y filosófica. Como estudiante de doctorado en antropología, dedico muchas horas a la lectura y a la explicación de las relaciones humanas; algo que –en relación al yoga– me invita a reflexionar sobre la existencia del ser humano en sentido amplio, es decir, también en su estado espiritual. En definitiva, entiendo el yoga como una forma de existencia.
En las clases que imparto busco generar conciencia sobre la respiración y el movimiento para ir llevando al alumno, poco a poco, hacia un estado de observación que, con el tiempo, le ofrecerá una forma de autoconocimiento.

¿Por qué Yoga?

Porque a través del yoga aprendo a sentir y a vivir menos en mi cabeza; pongo en práctica una observación menos racional abriendo espacio para las emociones. Asimismo la autopráctica sola y en silencio me aporta sosiego, paciencia y un espacio único para la contemplación que, poco a poco extiendo a otros espacios de mi vida cotidiana.

Ingredientes para un día perfecto.

Despertar con ilusión, comida sana, un buen libro y no tener que correr.

Dar clases es… un aprendizaje continuo

¿Qué te gustaría que se llevaran consigo tus alumnos?

En primer lugar me gustaría que se llevaran comprensión sobre sí mismo tanto a nivel físico como emocional y mental. Con el tiempo me gustaría que se llevaran silencio.

Tu mantra del momento:

“El yoga no es algo que hacemos, sino algo en lo que nos convertimos y que somos” -citado en La tradición del yoga (Feuerstein, G., 2003: 13)